La Sal de Cáhuil es la denominación de origen de una de las sales artesanales más singulares y valoradas de Chile. Aunque su nombre proviene de la localidad de Cáhuil, donde históricamente existieron las primeras salinas, la producción actualmente se realiza hoy en el sector de Barrancas, ubicado a 2 km al sur de Cáhuil y a 14 km de Pichilemu. El proceso, completamente artesanal y heredado de los pueblos indígenas de la zona, fue reconocido en 2011 por el Consejo de la Cultura y las Artes, que declaró a los salineros de Barrancas como Tesoro Humano Vivo de Chile.
El proceso comienza en primavera, al finalizar las lluvias y cuando el estero baja su nivel. Los salineros limpian los cuarteles (parcelas de aproximadamente 20 metros cuadrados trazadas en la orilla del estero) y los preparan para recibir el agua salada. Los cuarteles están organizados en una red de distintos niveles, con nombres y temperaturas específicas para cada etapa del proceso de decantación.
El agua salada ingresa a los cuarteles y avanza lentamente de un nivel a otro a través de pequeñas compuertas. En cada etapa se concentra más, decanta las impurezas y evapora bajo el sol y el viento costero. El proceso dura varios meses y depende directamente de la temperatura, la humedad y el viento.
Con la llegada del verano y según las condiciones climáticas de la temporada, comienza la extracción. Los salineros recogen la sal manualmente, separándola por capas y calidad. La cosecha normalmente se extiende hasta marzo, cuando las primeras lluvias de otoño marcan el fin de la temporada productiva.
Sí, Las Salinas de Barrancas son uno de los atractivos más auténticos y menos masificados de la zona de Pichilemu. Durante la temporada de producción, especialmente entre enero y marzo, es posible observar el proceso de cosecha en acción, conversar con los salineros y comprar sal artesanal y gourmet directamente en el lugar. El sector de Barrancas es también punto de partida para actividades como kayak y stand up paddle por el Estero Nilahue.